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El País y el Noemigate de Berlusconi

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Tiene miga, la cobertura del escándalo de las fotos de Villa Certosa que está realizando El País estos días. Sobre todo, desde un punto de vista periodístico, el periódico hace poco tiempo re-bautizado como ‘global en Español’ está empezando a demostrar lo primero y a desmentir lo segundo. Sorprende, y mucho, abrir la página en internet y encontrar los principales artículos en tres lenguas, amén de artículos directamente sólo disponibles en italiano.

Portadón de ElPais.com para el Noemigate

Portadón de ElPais.com para el Noemigate

Para empezar, es obvio que El País tiene entre las manos un bombazo informativo y no lo va a dejar escapar. En Italia se llevaba desde hace unas semanas especulando acerca de las fotos censuradas de Zappadu. La oposición lanzaba día tras día suposiciones y, ante la ausencia del material inculpatorio, buscaba en la ‘periferia’ del asunto (como la entrevista al novio de Noemi Letizia) carne para mentener en el asador, a fuego lento, la noticia. Evitando que, llevada por un muy natural recorrido de nacimiento-vida-muerte, perdiera fuerza ante la ausencia secuestrada de las pruebas.

Los defensores del Berlusconismo como el muy triste Il Giornale lanzaban invectivas aquí y allá, incluyendo un ataque frontal a la mujer – en proceso de divorcio –  de Berlusconi, la cual había denunciado con fiereza las prácticas califales del cavaliere y a la que se ha acusado de un ‘affaire’ con un guardaespaldas buscando – curiosamente – su desacreditación moral, como si el ‘y tú mas’ pudiese redimir (en caso de ser cierto el affaire de la primera dama,) a Berlusconi de sus fiestas con tufo a orgía.

¿Hasta qué punto llega la demagogia en defensa de Berlusconi? Como era de prever, las primeras críticas – y la demanda que se ha interpuesto contra El País – hablan de la privacidad de Berlusconi y sus invitados. Pero en Berluspolitics todo argumento vale con tal de que sea espectacular y se dirija a todo menos a la inteligencia. La última que he leído contrapone demagogicamente información y seguridad, sugiriendo que es mejor mantener al país en la mentira que arriesgar un atentado: “Las fotos robadas y la seguridad; ¿y si en el lugar del obetivo hubiera estado un fusil?” Es evidente que hay que limitar la acción de los periodistas, ¿y si en lugar de micrófonos llevasen bombas?.

En esta situación, sólo un movimiento podía hacer saltar la banca, evitando que la historia se convirtiese en otro ‘asunto Berlusconi‘ cerrado, como siempre, por falta de pruebas; con el Cavaliere y su máquina des-informativa aireando su enésima victoria moral contra las cainitas izquierdas. Evitar que acabase como una nueva tempestad capeada por el italiano sincero, simpático, self-made, un poco bribón pero siempre decente y tradicional. Una nueva conspiración de la izquierda, a la que ahora se añade la prensa extranjera, superada.

Sólo un movimiento podía hacer saltar todo como lo ha efectivamente logrado. La publicación de las fotos. El País se ha anotado el punto. Ya no es sólo una ‘victoria’ periodística. Elpais.com hierve de visitas extranjeras. Especialmente de Italia, país interesado de primera mano, y el mundo anglosajón -especialmente Gran Bretaña – que con el caso Mills y un par de editoriales influyentes alertando del ‘peligro Berlusconi’, habían puesto a Italia en pleno punto de mira, en mitad de la diana de la agenda mediática.

Rentabilizar. Llamadme malicioso, pero es lo primero que siento al ver el aluvión de firmas en todos los idiomas que hacen de Elpais.com una especie de babel. Muchos han criticado la decisión de publicar las fotos en toda su crudeza. ¿Es de interés general el pito empalmado presidencial? Se lo plantea Soitu.es en un artículo desenfadado que lanza al aire una serie de buenas reflexiones:

El País, que ha enseñado en exclusiva el material, asegura que fue el autor del reportaje gráfico quien pixeló todos los rostros, salvo el del primer ministro, como muestra de que se trata de un trabajo de reportero y no de una intromisión ilegítima. El objetivo sería demostrar el uso de aviones oficiales para el transporte de amigas, artistas y azafatas de televisión.

Los medios italianos se han hecho eco de la publicación en el extranjero de lo que a ellos les está vetado —aunque Zappadu intentó vender, sin éxito, las fotos en su país—, algo que no deja de ser paradójico en un estado democrático. Pero, como en el famoso pasatiempo de los periódicos, comparando las imágenes observamos una diferencia notable: nos falta —o nos sobra— un pene en todo su esplendor.

Imaginemos por un momento que se trata de Berlusconi y tenemos esa imagen sobre la mesa de edición. Tenemos que elegir. Si pixelamos su cara damos a entender que se trata de otra persona, aunque eso no queda del todo aclarado puesto que, precisamente, el reportaje trata de sus aventuras sexuales con cargo el erario público. Si pixelamos su miembro ya no habría duda de que es él, pero abriríamos un nuevo frente al mostrar que tenemos fotos de él en pelotas. Y si tomamos nuestro puñado de píxeles y, como han hecho los medios italiano, los repartimos por la cara y el pubis damos a entender que el aparato reproductor que nuestros lectores han podido ver en el diario español es el de nuestro presidente, pero que a nosotros nos da cosa ponerlo. ¿O no? Una difícil elección.

Y se defiende el inefable Juan Cruz, que para ser una de las autopretendidas puntas de lanza del ataque del viejo periodismo contra la debacle digital que está por llegar, debería preguntarse si toda esta cobertura, impacto e ingresos transnacionales derivados hubieran sido posibles sin ese su tan denostado ‘periodismo digital’…

En el caso de Berlusconi, la presencia pública de su vida privada ha sido en los años en que ha mandado en Italia verdaderamente intensa. Y no sólo en lo que respecta, como ahora, a sus problemas matrimoniales, hechos públicos por su mujer y por él mismo en entrevistas de prensa, radio o televisión, en denuncias cruzadas que han convertido su relación en un rompecabezas político cuya procedencia es similar a las diatribas que la prensa del corazón suele tomar como carnaza para aumentar sus audiencias.

Esa frecuencia de la figura de Berlusconi (y los suyos) en el espacio público con elementos privados ha sido noticia exhaustiva, y nadie se ha rasgado las vestiduras; él mismo ha hecho crónica (por decirlo así) de los sucesos que ocurrían en su casa de veraneo, en Cerdeña, y la casa ha llegado a ser un elemento público de su discurso político.

El caso entraña polémica, como es natural, y algunos motivos importantes de reflexión. El suceso, que ha desatado un enorme escándalo en Italia, sobre el uso público de lo privado por parte de Berlusconi, ha tenido ahora un correlato gráfico; lo que extraña es que se pueda contar todo, hasta que aparecen las fotos, que parecen servir de argumento gráfico, como de pie de foto, valga la paradoja, de todo lo que se ha ido contando. Sin duda, las razones del debate -éticas, periodísticas, humanas? están servidas, y son legítimas. Es legítimo también alertar a los servidores públicos de que la supuesta intimidad de sus acciones puede llegar a ser relevante si en medio está lesionándose el interés público.

Como era de esperar, El País defiende que la fiesta privada tiene consecuencias públicas, de interés general; más aún, es un acto lesivo de lo público ya que todo un Presidente se paga lo privado con dinero público, lo que, según Cruz, bastaría para legitimar la publicación de las fotos… ¿del pene erecto?. Además, recuerda que Berlusconi ha basado su figura en hacer ostentosamente públicas enormes parcelas de su privacidad, aunque eso, mal que pese, es un argumento tipo ‘donde las dan las toman’ que no anula el derecho que tienen a su privacidad las personas fotografiadas, incluyendo il Cavaliere. El debate está servido…

¿Son más de interés general las tetas presidenciales que las decenas de fraudes, investigaciones, leyes-a-medida, conexiones con la mafia y la logia P2 y otras berlusconadas? La respuesta es no, un no rotundo. El genial blog de Íñigo Domínguez, para el que lo quiera, hizo hace poco un recopilatorio de los mil y un procesos evitados por el Cavaliere. El uso de dinero público para alimentar su Villa Certosa del Desmadre Padre es un escándalo, pero lo es menos que todas las anteriores Berlusconadas en las que se ha alimentado de Estado para aumentar su patrimonio, su poder, su figura, su megalomanía. ¿Por qué parece importar muchísimo más a todo el mundo? ¿Por qué se detecta más miedo que nunca en la Galaxia Berlusconi?

La respuesta que se me ocurre, la más pura vendetta,  es que quien a hierro mata a hierro muere. Lo dice bien Miguel Mora en su ‘Anatomía de Berluscolandia’ :

La política-espectáculo de Berlusconi, su talante personalista y plebiscitario, su fascinación de magnate generoso y mujeriego, han seducido durante tres lustros a las masas de televidentes y votantes italianos con sus chistes, su estilo machista, sus meteduras de pata, su ascenso social, sus triunfos electorales, incluso las victorias y los fichajes de su equipo de fútbol (esta semana paralizó la comunicación del fichaje de Kaká hasta el lunes para no dejarse un solo voto).

Todo eso forma parte natural de su bagaje a-político y a-cultural, de su populismo abierto y mundano, que paradójicamente se apoya a la vez en un no-programa no-político, tradicionalista y católico, lejanamente inspirado en la trinidad “Dios, patria y familia”. Habría que añadir: “y velinas”.

Y preciesamente es el hecho de haber vaciado la política, el debate público, lo que puede volversse en contra de él. El haber convertido todo en un show televisivo, narrado con el lenguaje de un espectáculo, moviendo el debate por cuestiones de pura imagen, elevando el culto a la personalidad, des-racionalizando la política y haciendo de todo uan cuestión sentimental, un capítulo de telenovela que se cierra con un golpe de efecto para enganchar con la apertura del siguiente. Y ahora, la fortaleza del Presidente convertida en debilidad. La oposición jugando a su juego, armada con las fotos, para desacreditar al Caimano en su propio terreno de juego.

Es triste reconocerlo pero, habituado a la espectacularización de la política, el público italiano y global, que asistía con el aburrimiento televisivo de ‘esto ya lo he visto’ a cada uno de los fraudes políticos y económicos Cavalierescos, no puede pasar por alto la llegada de un escándalo de nuevo cuño, de un escándalo hecho de la misma madera en la que Berlusconi ha basado su éxito, pero que ahora asesta su porrazo en la estirada cara del Presidente en lugar de en la de los siempre tenues opositores políticos italianos, timoratos y divididos por su incapacidad para juntarse en grupos de tres sin tener cinco opiniones divergentes.

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Y El País se hizo global. No es nada extraño contratar firmas invitadas extranjeras. Lo extraño es no traducir sus textos al castellano. Lo que quiere decir es que, con los dos textos (de Marco Travaglio y Filippo de Giacomo), ElPais.com se está dirigiendo a un público italiano. El periódico más global que nunca y menos en español que nunca.

Igualmente, lo normal sería que el extenso reportaje de Miguel Mora hubiese sido circulado a los periódicos interesados en comprarlo, los cuales habrian efectuado la traducción por sus propios medios. Nisba. El País, se lo guisa, el país lo cocina, el país lo ofrece en tres idiomas. El cambio de modelo está claro: El País tiene la sartén por el mango y aspira a convertir su web en el centro al que se dirijan todos los lectores interesados en saber más. Hasta el punto de no ofrecer a sus lectores españoles ni siquiera la traducción de los artículos en italiano.Un gol en toda la escuadra: el italiano que quiera hoy leer en contra de Berlusconi acudirá antes a El País que a la Repubblica, encontrandose, a nivel de idioma y de firmas, como en casa.

Otra novedad del asunto es que, si al final se convierte en un ‘Noemigate’ capaz de desestabilizar al gobierno, la parte más sustancial de una investigación periodística contra el poder se habrá realizado desde fuera del propio país, lo cual pone una serie de preguntas acerca de la soberanía. Si la cosa va a más, ¿podría llegar a afectar a las relaciones diplomáticas entre España e Italia?. No es nada exagerado, visto que la galaxia Berlusconi ya habla de una campaña internacional antiitaliana (en términos de un populismo/nacionalismo chovinista que dan miedo), imaginar que se puedan llegar a lanzar suposiciones de una campaña de desequilibrio político, de una injerencia extranjera en los asuntos internos de Italia; en definitiva, de toda una agresión.

¿Podría ser una fuente de conflictos ya no periodísticos sino políticos, interestatales, si el escándalo logra llevarse por delante a Berlusconi? No me extraña que El País pueda llegar a recibir indicaciones del gobierno español de bajar el tono. Recordemos, tristemente, que ya el PSOE y el PP se pusieron de acuerdo para retirar la jurisdicción internacional de la Audiencia Nacional, con el objetivo de evitar las crisis diplomáticas que el relativo libre albedrío de un poder poco sometido al Estado podía provocar (por ejemplo, intentando juzgar a soldados estadounidenses). La dinámica, triste pero real, nos remite a un proceso de involución en la que el Estado va reacumulando poderes que había perdido en pro de la separación de poderes y el garantismo.

En pro de la gobernabilidad, parece ser el mensaje, todo aquella institución que en el ejercicio de su libertad nos reporte problemas interestatales será puesta a buen recaudo. Esperemos que el periodismo resista, la Audiencia Nacional – a la que tampoco quiero ‘santificar’ por defenderla en este asunto, ya que a nivel interno funciona como un auténtico tribunal excepcional cuestionado por ONGs como Amnistia Internacional – ya ha caído.

Resta observar si la tristemente postrada Italia – nunca lo he visto más de cerca, ni me he sorprendido más, que este año –  castigará al Caimano en las europeas. Si la Iglesia, aliada de este triste Berlusconismo, dirá algo ante el hombre que se llena la boca de catolicismo en sus encuentros públicos y la casa de adolescentes que quieren ser promocionadas sea como sea en sus encuentros privados pagados con dinero público.

La prensa Berlusconiana se equivoca en su triste  interpretación chovinista. Los que, de un modo u otro, hemos llegado a amar Italia, la queremos restituida a la normalidad de la que hoy no goza. Para lograrlo, el primer paso es borrar del Quirinale al máximo exponente de lo peor que puede dar la cada vez más derechizada y populista política europea. Veamos.

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Elpaís.com tiene hoy otra amarga sorpresa reservada para mí. Haciéndole indecorosamente la cama al PSOE, agitando el fantasma del miedo para movilizar el voto, o vaya usted a saber por qué, ha decidido titular su noticia de hoy sobre las Europeas de un modo vergonzoso que hace aflorar, de nuevo, el subterráneo y triste giro a la derecha que tanto se ha notado, en pequeños y grandes detalles, desde la llegada al mando de Javier Moreno.

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Ándense con cuidado. Los radicales andan sueltos. Ojo con los verdes: podrían hasta obligarle a comerse una ensalada.

Otro ‘por cierto’: El País ofrece una de cal y otra de arena, como es su costumbre. Después de preguntarse uno acerca de la deontología en el bombo que le dan a las fotos y de asustarse con el titular de los radicales absolutamente funcional a su alianza con el PSOE y síntoma de un triste giro a la derecha, uno se topa con una genial serie de reportajes de Ángeles Espinosa sobre las elecciones en Irán, en las que se juega mucho. Para no perdérselo. ¿Qué tiene este periódico que se le ama y odia al mismo tiempo?

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Written by guillotina

junio 7, 2009 at 4:31 pm