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El culpable

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Carlos Llamas y su cavernosa voz, forjada a golpe de humo de tabaco, son parte de los culpables de que a día de hoy un servidor aún aguante en la carrera de periodismo, a pesar de las decepciones sufridas con la universidad y de los agoreros designios que siempre se proyectan sobre la profesión.
Carlos ha vuelto después de un cáncer que llevó en secreto, y charló con los lectores de ElPaís.com. Desafortunadamente, mi pregunta no entró, pero sí algunas otras que saltaron los filtros (seguramente a propia petición de Carlos Llamas, si no no se etiende) y se mostraban agresivas y hasta insultantes.

Carlos es un periodista con clase, si es que de algún modo podemos llamar la facilidad de la palabra, la soltura en la narración, la sugestión en la entonación. Se le puede acusar de inclinado ideológicamente hacia la socialdemocracia y a defender al PSOE*, pero nunca de ser un mal periodista radiofónico.

Además, Carlos ha demostrado clase a la hora de enfrentarse al triste fenómeno que provoca la libertad de internet, que no es más que el escudarse en el anonimato para el insulto, la falta de respeto y la crispación. Ojo a la falta de respeto y a la respuesta:

P. Ya que ha estado tan malito segun creo por que no se toma unas vacaciones muy largasssssssss, y deja en paz al Partido Popular que tanto daño le hace,y deja de decir mentiras como la audiencia que la tiene ahora la cadena Cope.

R. La mentira de la audiencia, todavía no la he dicho, no he hablado de ella. Ya llegará, no se preocupe. Y me encanta la gente sensible como usted, desinteresada, solidaria con el mal ajeno, compasiva…. sí, he estado “malito”. Ahora le diré una cosa: lo mío se cura.

*Además, la objetividad en el periodismo nunca existió, es un concepto-ladrillo que lanzarse a la cabeza los unos a los otros. ¡Muera la objetividad, y a jugar limpio con las cartas en la mesa!

Actualización, ahora que reviso los posts importados desde Blogger: Al final, el cáncer pudo con Carlos Llamas. Vuelvo a repetirlo: gracias a este señor, comencé a interesarme por el periodismo. El día de su muerte me sorprendí al verme afectado. Pensaba que, al final del todo, era una persona totalmente ajena a mí, nada más que una voz viajando por las ondas e ignorando la identidad de cada uno de sus oyentes – pero pensando en todos y cada uno. El día que murió Carlos Llamas recuperé lo que la radio, como medio, tiene de increíble, de hermoso, de genial. Esa vinculación casi personal entre el que oye y el que escucha. Descanse en paz. Necesitamos más como él.

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Written by guillotina

mayo 11, 2007 a 9:31 am

Publicado en Sin categoría

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