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V de Vendetta (y de cómo internet amplifica las chorradas)

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———————————————–AVISO: Spoiler del tamaño de un camión

Ayer ví la afamada “V de Vendetta“, siguiendo mi vieja costumbre de ver todos los estrenos sonoros (los must see de las narices) bastante después de su paso por cartelera.

Si hubiera leído el cómic, decepción sería la palabra. Afortunadamente, no es el caso. Me encontré de frente con una película que, como se decía en este Madrid hace años, ni chicha ni limoná. Los Wachowsky, elevados al olimpo del cine tras Matrix, sólo han firmado entregas decepcionantes desde entonces. La saga Matrix finalizó con dos películas espectacularizadas, vacías de contenido y llenas de diálogos enervantes en los que parecía que se quería decir algo pero, en realidad, nunca se encontraba nada. Justo al contrario que la primera.

Sobre V de Vendetta han caído las mismas críticas, en especial el incomprensible ritmo (horriblemente desconcertante a veces) y las diálogos pseudointelectuales. Quizá la ambientación y la presencia inquietante de la máscara sea lo mejor del film.

La película, a priori, debería desatar preguntas acerca de la legitimidad del terrorismo ante el fascismo y la opresión, la violencia como método de lucha, el miedo como método de control social. Y las logra provocar, pero a un nivel mucho menor del prometido. La culpa la tiene, para mí, la escasísima profundización psicológica en los personajes.

Está claro que V quiere ser el idealista, el “loco” – quiero hace aquí una referencia directa al “loco” de la genial obra de Darío fo, que sí que logra mil y una preguntas – que Evey quiere ser la ciudadana que toma conciencia de su situación oprimida y que el Inspector Finch quiere ser la fiel parte del engranaje del poder que poco a poco descubre a quién ha estado sirviendo para al final volverse contra él y contra todas sus creencias. El problema es que “quieren ser”, no “son”. Quedan como meros intentos.

V cae en lo grotesco y pierde fuerza al mostrarse sus debilidades y extravagancias (no hay quien entienda por qué tortura a Evey, quizás en el cómic sí). Combina momentos muy buenos con otros en los que sus monólogos y poemas no son ni geniales ni vienen a cuento.

Evey se nos muestra con un comportamiento esquizoide (¿por qué confiesa la verdad al obispo?) y sus contradicciones internas están mal mostradas, en gran parte mal representadas por Natalie Portman que no hace precisamente su mejor trabajo.

El inspector Finch, gracias en parte al genial trabajo del actor Stephen Rea, es el personaje en el que mejor se trazan las vacilaciones y desarrollo psicológico. Lamentablemente, su papel es más secundario.

Sin emabrgo, no todo es malo en V. Resulta entretenida, los Wachowsky vuelven a tirar del tiempo-bala para una escena de acción genial y como thriller tendría momentos de tensión muy buenos, aparte de una estética y ambientación inmejorables.

Y, lo mejor de todo, nos ha dejado el legado de juan Ramón Rallo, un liberal (?), en forma de un artículo ridículo que da de reír y que ya mereció en su día atención en Escolar. Una selección de lo mejor:

Se trata de una película realmente liberal y antiestatista que además recordará ligeramente a los espectadores españoles su presente político. No sólo porque el líder fascista tenga un parecido más que razonable a Rubalcaba, sino porque la trama de la película gira en torno a unos misteriosos atentados terroristas, atribuidos de manera oficial a unos confesos “fundamentalistas religiosos”, que permitieron inesperadamente a Sutler ganar las elecciones.

Esta argumentación me mató en sus tiempos. Todo tipo de vuelta y revuelta posible a las palabras para que encajen en mi credo:

V no puede ser socialista porque cree claramente en la propiedad privada. Así, cuando Evey le acusa de haber robado al Gobierno, V le responde irónicamente: “El robo implica propiedad. No puedes robar a los políticos. Simplemente lo reclamé”.

En otras palabras, los políticos no son propietarios porque su propiedad no es legítima, sino que procede de un robo anterior. Lo cual nos aproxima bastante a las teorías liberales sobre la apropiación originaria de impronta lockeana. Pero es que, además, en un momento de la película V le regala a Evey “todo lo que tiene”; lo cual constituye una donación que necesariamente implica propiedad.

Los errores que contiene no desmerecen en absoluto una trama depurada, sólida y esencialmente liberal. Una representación ficticia e irreal que esperemos ayude a despertar a todos los españoles engañados por nuestros políticos.

Lo dicho, unas risas. Como bien dijo Escolar: “El día que se enteren de que Alan Moore es anarquista y que el cómic era una crítica al gobierno de Margaret Thatcher, lo mismo les da un soponcio”

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Written by guillotina

octubre 26, 2006 a 3:05 pm

Publicado en General

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Una respuesta

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  1. ¿Alguien sabe como se llama la musica que se escucha en la pelicula ‘V de Vendetta’, en el momento de los fuegos artificiales??????, les agradeceria una respuesta rapida

    Marcos

    junio 7, 2007 at 5:54 pm


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